Escuché un manantial de agua deslizarse, entré a la cocina, era mi hijo jugando con una cuchara abajo del grifo, el agua corría, se esforzaba por construir formas, eso decía él. No se. Yo no veía nada, disfrutaba de verlo a él con la cuchara, verlo repetir, intentarlo, abandonar y continuar el siguiente día y el día después de ese. Le molestaba no poder retener una forma más que unos cuantos segundos.
Luego de muchos días, yo tenía cientos de fotos de su juego.
Las armé y le dije mira, acá está lo que hiciste. Él estaba feliz.
Él ve cosas diferentes cada vez que observa las imágenes, yo siempre veo lo mismo. A él jugando.
Me llevé el juego de mi hijo a mi clase, se hizo tarea y se convirtió en un Proyecto de clase.
Luego le expliqué a mi hijo de donde venía el agua, lo valiosa que es, hablamos de las cisternas, el río, las presas, los sistemas hidroeléctricos, el efecto invernadero, el calentamiento global, el deshielo y de como ahora cuando salimos a pasear y hace calor la gente compra agua. Comprendió porque nosotros usamos termo, me aseguré de que entienda que debemos cuidar nuestros recursos, sin embargo no pude hacer que prometa no volver a jugar con el agua.
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